Cuando una persona que ha sufrido un ictus, una lesión cerebral o que presenta una enfermedad neurodegenerativa no parece darse cuenta de sus propias dificultades o se niega a reconocer sus propios olvidos o errores, la situación puede resultar difícil de entender y, sobre todo, de manejar para quienes están a su alrededor. La anosognosia puede hacer que una persona no reconozca que tiene problemas para caminar, que minimice sus dificultades de memoria o que incluso considere innecesaria una ayuda que su familia sabe que necesita. Ante estas situaciones, es normal que en los familiares y cuidadores aparezcan la frustración, la preocupación o la sensación de no saber cómo ayudar sin entrar constantemente en discusiones.
Pero hay algo importante que conviene saber: la anosognosia no significa necesariamente que la persona esté negando de forma intencionada lo que le ocurre. Puede existir una alteración neurológica que dificulte que la persona sea consciente de sus propias limitaciones y, por tanto, que no sea capaz de reconocer algunos de los errores o dificultades que presenta. Entender qué está sucediendo permite cambiar la forma de relacionarse con la persona afectada, evitar enfrentamientos innecesarios y, especialmente, saber cuándo es necesario buscar una valoración y un tratamiento especializado.
¿Qué es la anosognosia y por qué no es una negación voluntaria?
La anosognosia es un trastorno neurológico en el que una persona es incapaz de percibir o reconocer que padece una enfermedad o un déficit físico o cognitivo. Es decir, la persona puede no percibir adecuadamente sus limitaciones, aunque estas sean evidentes para quienes la rodean.
Esta falta de conciencia puede afectar a diferentes funciones. En algunos casos se relaciona con alteraciones motoras; en otros, con problemas cognitivos, de memoria, lenguaje o comportamiento.
Una de las cuestiones más importantes es diferenciarla de una actitud de rechazo. Una persona con anosognosia puede afirmar sinceramente que puede realizar una actividad cuando, en realidad, debido a sus dificultades, ya no puede hacerla con seguridad. Desde su experiencia subjetiva, la limitación puede no estar siendo percibida de la misma manera que por su entorno.
Por este motivo, confrontarla constantemente con sus dificultades o intentar convencerla mediante discusiones no suele ser la estrategia más útil. El abordaje debe partir de la comprensión de la alteración y adaptarse a las capacidades y necesidades de cada persona.
¿Cuáles son los síntomas de la anosognosia?
La anosognosia no se manifiesta igual en todas las personas. La forma en que aparece depende de la función afectada y de la capacidad de la persona para reconocer sus propias dificultades.
Entre las situaciones más comunes que pueden hacer sospechar una alteración de la conciencia de los déficits encontramos:
- No reconocer una dificultad física que resulta evidente para los demás.
- Sobreestimar la capacidad propia para realizar determinadas actividades.
- No identificar problemas de memoria, atención u otras capacidades cognitivas.
- Restar importancia a las consecuencias de una lesión o enfermedad neurológica.
- Mostrar sorpresa o incomprensión cuando otras personas señalan una dificultad.
- Puede inventar historias para explicar los déficits.
- Tener dificultades para valorar los riesgos asociados a determinadas actividades.
- No percibir la necesidad de ayuda o rehabilitación.
La anosognosia también puede variar en intensidad. Una persona puede ser consciente de algunas dificultades y no de otras, o presentar un nivel de conciencia que cambia en función de la tarea o del momento.
Falta de conciencia de las limitaciones físicas
Como hemos adelantado, una de las manifestaciones más conocidas de la anosognosia aparece cuando la persona no reconoce una determinada limitación motora. Por ejemplo, después de un ictus puede existir una pérdida de fuerza o movilidad en una extremidad y, al mismo tiempo, la persona puede no ser consciente de esa dificultad. Esto puede llevarla a intentar levantarse o caminar sin la ayuda necesaria, aumentando el riesgo de caídas.
En estos casos, no se trata simplemente de que la persona esté siendo imprudente. Si realmente no percibe su limitación, sus decisiones estarán condicionadas por una valoración de sus capacidades diferente de la que hacen las personas de su entorno.
Por eso es importante prestar atención a la seguridad y adaptar el entorno y las actividades a las capacidades reales de la persona, especialmente durante las primeras fases de recuperación.
Minimización de los problemas de memoria y otras capacidades cognitivas
La anosognosia también puede afectar a las funciones cognitivas. La persona puede no reconocer dificultades de memoria, atención, planificación, lenguaje u otras capacidades.
Por ejemplo, puede olvidar citas médicas o conversaciones y no considerar que exista un problema de memoria, atribuyendo lo ocurrido a un despiste puntual. En otros casos puede tener dificultades para organizar una actividad y, sin embargo, considerar que podría realizarla de manera independiente.
Esta falta de conciencia puede dificultar la adherencia a la rehabilitación o hacer que la persona rechace determinados apoyos porque no identifica la necesidad que los justifica.
El entorno puede interpretar estas respuestas como falta de colaboración, cuando en realidad puede existir una dificultad neurológica para reconocer las propias limitaciones. Como consecuencia, es fácil que afloren conflictos familiares, ya que la persona insiste en hacer tareas peligrosas (como cocinar o conducir), lo que genera tensiones con los familiares o cuidadores.
¿Por qué se produce la anosognosia?
La anosognosia puede producirse por un daño físico o alteración en las estructuras del cerebro implicadas en la conciencia de las propias capacidades y limitaciones. Su aparición depende de la lesión o enfermedad que la origine y de las funciones afectadas. No es un mecanismo de defensa psicológico ni una negación voluntaria. Lo que ocurre es que el cerebro ha perdido la capacidad biológica de actualizar la información sobre el propio cuerpo y la mente.
No existe una única causa ni una única región cerebral responsable en todos los casos.
Puede aparecer cuando una lesión o enfermedad, como el Alzheimer, afecta a redes cerebrales implicadas en la conciencia de uno mismo y de las propias capacidades. Por eso puede observarse en diferentes contextos neurológicos.
En estos casos, la valoración clínica permite determinar qué funciones están afectadas y hasta qué punto existe una discrepancia entre las capacidades reales de la persona y su percepción de ellas.
Relación con el Alzheimer, el ictus y otras lesiones cerebrales
La anosognosia puede aparecer asociada a diferentes enfermedades y lesiones neurológicas.
En algunas personas con enfermedad de Alzheimer u otras demencias, por ejemplo, puede existir una reducción de la conciencia sobre los problemas de memoria, las dificultades cognitivas o los cambios en la autonomía.
También puede aparecer después de un ictus o un traumatismo craneoencefálico, especialmente cuando se producen determinadas lesiones cerebrales. En este contexto puede afectar a la conciencia de alteraciones motoras o de otras funciones neurológicas.
Asimismo, puede observarse en otros procesos que afectan al cerebro. Por eso, encontrar signos compatibles con anosognosia no permite establecer por sí mismo un diagnóstico concreto: es necesario estudiar la situación neurológica de cada persona.
En este sentido, la anosognosia puede coexistir con demencias u otras enfermedades neurodegenerativas y otros trastornos neurológicos.
Diferencias entre anosognosia y negación psicológica
Aunque desde fuera pueden parecer comportamientos similares, anosognosia y negación no son lo mismo.
La negación puede constituir un mecanismo psicológico mediante el cual una persona rechaza o evita aceptar una realidad que le resulta dolorosa o difícil de afrontar. En ese caso, existe potencialmente una conciencia del problema, aunque la persona pueda resistirse a reconocerlo o hablar sobre él.
En la anosognosia, en cambio, la dificultad está relacionada con la propia capacidad para tomar conciencia de los déficits. La persona puede no reconocer realmente que existe una determinada alteración.
Esta diferencia es especialmente importante para las familias. Si se interpreta la anosognosia como una negativa voluntaria, es fácil que aparezcan discusiones, reproches o frustración por ambas partes. Entender que puede existir una alteración neurológica permite plantear la situación desde una perspectiva más adecuada.
¿Cómo se diagnostica y aborda la anosognosia?
La anosognosia no se determina únicamente a partir de lo que la persona dice. Su valoración requiere observar la relación entre sus capacidades objetivas y su percepción de esas capacidades.
El equipo profesional puede recurrir a la entrevista clínica, la observación durante diferentes actividades y la valoración de las funciones cognitivas, motoras y funcionales. También resulta especialmente útil conocer la percepción de familiares o cuidadores, ya que pueden aportar información sobre situaciones que la persona no identifica.
Es importante realizar un diagnóstico diferencial adecuado. Hay que tener en cuenta que no todas las dificultades que parecen relacionadas con la conciencia de los déficits tienen el mismo origen; por ejemplo, cuando existe un trastorno neurológico funcional puede ser necesario realizar otro tipo de valoración y tratamiento.
En cuanto al abordaje y manejo de la anosognosia resulta complejo y depende de la causa, las funciones afectadas y las necesidades concretas de cada paciente. La neurorrehabilitación puede trabajar sobre las dificultades asociadas y favorecer una mayor conciencia funcional, autonomía y seguridad.
- Neuropsicología: permite valorar las funciones cognitivas y el grado de conciencia que tiene la persona sobre sus propias dificultades, además de trabajar estrategias que favorezcan una mayor conciencia funcional y adaptación a las limitaciones.
- Fisioterapia: cuando la anosognosia se relaciona con déficits motores, permite trabajar el movimiento y la funcionalidad, incorporando estrategias de conciencia corporal y del propio desempeño.
- Terapia ocupacional: para ayudar al paciente a adaptarse a sus limitaciones y aprender nuevas habilidades.
- Logopedia para mejorar la comunicación y la comprensión cuando existen alteraciones del lenguaje, comunicación o determinadas funciones cognitivas relacionadas.
- Apoyo psicológico, tanto para el paciente como para sus familiares y cuidadores.
Cómo actuar con una persona con anosognosia
Vivir con una persona que no reconoce sus propias dificultades puede generar mucha frustración. La familia puede sentir que tiene que repetir constantemente las mismas explicaciones o que la persona no comprende los riesgos de determinadas situaciones.
Sin embargo, entrar continuamente en una discusión para demostrarle que está equivocada puede aumentar la tensión sin mejorar necesariamente su conciencia del problema.
Si te encuentras en esta situación, aquí tienes algunas pautas que pueden ayudarte:
- Evita la confrontación constante. Si la persona no tiene conciencia de su dificultad, repetirle que “no puede” hacer algo puede generar rechazo o frustración.
- Prioriza la seguridad. Cuando exista riesgo de caídas, accidentes u otras situaciones peligrosas, adapta el entorno y supervisa las actividades que lo requieran.
- Utiliza situaciones concretas. En lugar de realizar afirmaciones generales, puede ser más útil trabajar sobre una actividad concreta y observar conjuntamente qué ocurre durante su realización.
- Procura hacer tareas conjuntamente como parte de su rutina diaria. La persona puede estar más inclinada a aceptar ayuda si se normaliza.
- Refuerza sus logros reales. Señalar aquello que la persona sí consigue puede favorecer su participación y evitar que la rehabilitación se convierta en una sucesión de correcciones.
- Mantén una comunicación clara y sencilla. Las explicaciones deben adaptarse a las capacidades cognitivas y comunicativas de la persona.
- Coordínate con los profesionales. El equipo de rehabilitación puede orientar a la familia sobre cómo responder ante determinadas conductas y qué grado de supervisión necesita la persona.
- No confundas anosognosia con falta de voluntad. Comprender que existe una posible alteración neurológica cambia la forma de interpretar determinadas respuestas y permite acompañar mejor el proceso.
La anosognosia puede complicar la recuperación y la vida cotidiana, pero comprender por qué ocurre es ya una parte importante del abordaje. Si una persona después de un ictus, una lesión cerebral o en el contexto de una enfermedad neurológica no parece ser consciente de sus limitaciones, una valoración especializada puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y a establecer las estrategias de rehabilitación más adecuadas.
¿Cómo puede ayudarte Lescer?
Puesto que el tratamiento de la anosognosia es complejo y requiere de diferentes estrategias, en Lescer contamos con un equipo transdisciplinar especializado en neurorrehabilitación que diseña programas individualizados para personas con daño cerebral adquirido y enfermedades neurológicas. A través de la coordinación entre neurología, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología, trabajamos de forma integral sobre las dificultades que puede presentar cada paciente, teniendo también en cuenta el impacto que estas tienen en su autonomía y en su vida cotidiana.
Cuando existe anosognosia, es necesario comprender qué está ocurriendo y adaptar la intervención a las necesidades reales de la persona. Por eso, la valoración profesional permite conocer las funciones afectadas, determinar el grado de conciencia de las propias limitaciones y establecer las estrategias de rehabilitación y acompañamiento más adecuadas para cada caso.
Si necesitas más información sobre la anosognosia, su abordaje en neurorrehabilitación y el tratamiento de las secuelas de un ictus, una lesión cerebral o una enfermedad neurológica, o quieres valorar un caso concreto, contacta con Lescer a través del correo administracion@lescer.es o llámanos al teléfono 91 739 81 42 y te explicaremos cómo podemos ayudarte.
Referencias consultadas:
– National Library of Medicine. Anosognosia. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK513361/
– Fundación Pascual Maragall (2021). La anosognosia: uno de los síntomas más habituales del Alzheimer. Disponible en: https://blog.fpmaragall.org/anosognosia
– Irenea, Instituto de rehabilitación neurológica. Anosognosia o falta de conciencia de la enfermedad. Disponible en: https://irenea.es/blog-dano-cerebral/anosognosia-o-falta-de-conciencia-de-la-enfermedad/
-Revista Española de Geriatría Gerontología (2007). La anosognosia en la enfermedad de Alzheimer. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-espanola-geriatria-gerontologia-124-pdf-S0211139X0773545X